Azkre K.
Vuelve a mí la remembranza de hace algunos años, en mi juventud, de aquel día de primavera: me encontraba sentado a la sombra de una higuera, al cuidado de una fresca brisa. Mi mirada se enfocó en una multitud de personas que pasaban cerca de mí. Llamo mi atención una joven de paso alegre entre todas las demás. En ese momento traté de preservar –cual flor de eléboro-, la sensación que recorrió mi ser. Esto suscitó la inspiración para escribir algunos versos a su salud; el resultado fue flojo y digno de un principiante.
Vuelve a mí la remembranza de hace algunos años, en mi juventud, de aquel día de primavera: me encontraba sentado a la sombra de una higuera, al cuidado de una fresca brisa. Mi mirada se enfocó en una multitud de personas que pasaban cerca de mí. Llamo mi atención una joven de paso alegre entre todas las demás. En ese momento traté de preservar –cual flor de eléboro-, la sensación que recorrió mi ser. Esto suscitó la inspiración para escribir algunos versos a su salud; el resultado fue flojo y digno de un principiante.
Hoy encontré aquel poema sin estructura y decidí regresar a
aquel lugar. Revivir mis recuerdos nostálgicos; por ello heme aquí de nuevo,
recostado bajo la sombra ya decaída de un viejo árbol -no tan verde ahora-,
intentando reescribir aquel poema.
Escribo por placer y para pasar
el rato. El sol se oculta tras las colinas; me deja solo con mis recuerdos y
unos versos sin forma, que dibujan una sonrisa en mi rostro.
Ya sin otra luz más que la de la
luna, resuelvo enrollar el testimonio de mi recuerdo. Lo coloco en un pequeño hoyo dentro del tronco,
hasta mi regreso, cuando pueda volver a moldearlo y por fin hacerlo nacer.
-
Hasta entonces cuida bien de él –dije al árbol
de higos-, fiel testigo de mi fortuna fragmentada.
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