Black Swan
Lina se encontraba con la mirada perdida y una sonrisa en el
rostro. Esa mujer que un día había sido la mejor jinete, hoy esperaba su final.
En su mente comenzó a plasmarse un recuerdo: una tarde de
verano de 1960, cuando salió de la cabaña para sentir la lluvia tocando su
piel, feliz, decidida, y directo hacia
el establo. En él, ensilló a Furia, su yegua purasangre, y la montó.
Salió a todo galope para recorrer el bosque. Disfrutaba
sentír el movimiento de cada músculo de aquel animal. Recordando todas aquellas
sensaciones juntas, de repente, todo se desdibujó; escucho movimiento a su
alrededor y al abrir los ojos descubrió que se trataba de los trabajos de
reanimación para regresarla a la vida.
De nuevo recordó a Furia y la felicidad que sentía al
montarla. Aquel recuerdo concordó con el último latido de su corazón y su
suspiro final.
No hay comentarios:
Publicar un comentario