Louis
Julia tamborileaba los dedos sobre el volante de un Impala
blanco, mientras esperaba entre penumbras vigilando la ventana del departamento
4-B. Pensaba en el tiempo transcurrido, estirándolo mediante recuerdos de
lugares y cicatrices y se decía a sí misma, a manera de mantra espinado, que 6
meses suelen ser mucho más largos. Cuando intentó encender la radio, se dio
cuenta de que el carro no contaba con una. Prendió un cigarro y salió a
fumárselo bajo la luz amarilla de un poste enmarañado. Hacía frío y castañeaba
los dientes. No había estrellas. No se podía decir que se sentía nerviosa, pero
tal vez ansiosa era la palabra que encajaba. Pensó que aquella podría ser su
última noche en esta tierra y quiso escribir su testamento, pero luego sonrió y
comenzó una nueva lista, de esas que tanto divertían a Francisco:
Lista número (…) “mis películas favoritas”
-
“Serengueti”:
2 chicos angoleños se disfrazan de pájaros azules e intentan asaltar el banco
nacional de Tanzania. Luego de una chusca pelea donde se baten por quién debía
sostener la única pistola con la que contaban, todo vuelve a complicarse, pues
en medio del caos, Obu –uno de los ladrones- descubre que la cajera del banco
es su hermana embarazada.
-
“Lagunilla,
mi barrio” (cine de ficheras): una postal de la vida relajada y llena de
albures de Don Fernando, dueño de un local en el famoso y extenso mercado de la
lagunilla. De día, un local de máquinas de escribir, de noche un antro de
brujería. Las máquinas de escribir estaban diseñadas para repicar la campana de
fin de renglón cuando alguien escribiera la palabra “Diablo”.
-
“Les amants de ponts des arts”: A sus 45
años, Lautaro vive obsesionado con el scherzo 31 de Chopin. Un día, mientras
exploraba una vieja librería de París, descubre una pequeña caja de música con
grabados egipcios que tocaba exactamente la misma melodía nostálgica de sus
aficiones. Un antropólogo griego le ayuda a descifrar el grabado del
dispositivo musical: “quien pueda acomodar correctamente las notas menores de
la caja de música, tendrá acceso al cerebro del dios Osiris”.
(Esta cinta
maravillaba a Julia de una extraña manera. Rodada en blanco y negro en 1951,
los hechos posteriores a su estreno fueron, por demás, perturbadores. Sir
Jensen Pitwick, director del film, sin tener conocimientos previos del tema,
comenzó a comunicarse en un extraño lenguaje. Algunos aseguran que fue náhuatl,
otros que simplemente gruñía. Luego desapareció en una densa nube de arena del
Cairo. Posteriormente, en su diario se encontraron descripciones de 7 objetos
que guardaban la consciencia de Dios.)
-
“Planet
nine from outer space”: la peor película de la historia.
(Le gustaba a Julia
solo cuando tenía un poco de mariguana a su alcance –estuvo a punto de dejarla fuera de la lista,
pero recordó todas las horas que rió sin parar al verla-. La escena del
cementerio provoca una intensa incomodidad, acentuada por los efectos del
tetrahidrocannabinol, no se recomienda a paranoicos.)
-
“Before
sunrise”: Un joven periodista norteamericano (que acaba de romper con su
novia) y una estudiante francesa guapísima, se conocen casualmente en el tren
Budapest-París y entablan conversación. A raíz de esto, ambos se embarcan en
una expedición por Viena.
(Esta película era muy
importante en la vida de Julia, pues una vez vista, cambió para siempre su
idealización del amor.)
-
“El cuarto
de las arañas” (documental acerca de la lycosa tarentula): durante
el siglo XIII, la enfermedad de las arañas azotó la Europa medieval, casi la
mitad del pueblo recibió un aguijonazo. Los síntomas: trastornos convulsivos e
histeria colectiva, cuyo único remedio sería una danza purificadora, “la
taranta”. La frase final del documental dice: guardare i ragni sul soffitto,
que en español se lee como: “miren las arañas en el techo”.
-
“Ghost
dog”: un negro del Bronx realiza asesinatos para mafiosos italianos, los
contratos se realizan a través de una paloma mensajera. Obsesionado con la
cultura de los samuráis, después de un malentendido entre mafiosos, ghost dog
debe proteger a su nueva amiga, una niña de 8 años que lee a Octavio Paz.
Julia divisó la ventana del edificio, la luz seguía
encendida y dibujaba contornos humanos, siluetas que parecían discutir. La
lista continuaba. A Julia le divirtió aquella capacidad creativa justamente en
esos momentos tan críticos.
Lista “g”. Mis discos favoritos.
-
Nobles
como palomas, precavidos como serpientes: serie de canciones universitarias
compuestas con el método dadaísta (escritura automática). Destaca una oda a los
analgésicos antiinflamatorios no asteroideos, llamada Aspirina.
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La serena
colisión: un programa de radio desde la cárcel de mujeres de Santa Martha
Acatitla. Repertorio: canciones rancheras.
-
Unísono:
las desventuras de un cronista de futbol, amante del latin jazz.
-
Raw power: Iggy pop and the stooges. Disco
seminal de la escena punk, le recordaba la secundaria y la época en que era
adicta a la heroína.
El lápiz se quebró y la lista quedó manchada con moronas de
grafito. En la ventana, Julia ya no vio nada. Corrió a encender el impala y
tiró la lista en la banqueta. Se escucharon disparos, Julia recogió a Francisco
en la puerta del edificio y aceleró. Nadie venía detrás de ella. Después de
recorrer varios metros a toda velocidad, Julia lo miró por el retrovisor:
Francisco tenía la camisa ensangrentada. Con los dedos acariciaba un revolver,
a su lado había un maletín con un ojo pintado. Julia se detuvo y trató de ayudarlo
pero era inútil, Francisco ya no respiraba. Entonces Julia cogió el maletín.
Adentro había una caja de música.
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