viernes, 1 de agosto de 2014

Profecía autocumplida (Efecto Pigmalión)

Mantis atea
― Pos a mí  no mi ha pasado na’, aunque los dotores juran que tengo diabetis y no se cuánta cosa más― le contaba Consuelo a Pilar.
― Es de que a mi gordo no le ha ido tan bien como a ti. De seguro hasta trato con Satanás has de tener― replicó Pilar en tono burlón, aunque en su cara se veía la más profunda preocupación. ―A él se le sube la azúcar y se pone todo malo, como si se me juera a morir. ¿Qué haría yo sola con tres chamacos? ¿Y si las medicinas ésas sí sirven? ― preguntó Pilar, con todas sus esperanzas depositadas en la última pregunta.
― Ira Pilar, tú haz lo que creas mejor. Yo ya ti dije que esas cosas sólo son para ponerte todo bruto y poder etsperimentar contigo. No me vengas a llorar cuando se haigan puesto a jugar con los sesos del Prudencio o cuando le quieran mochar una oreja― le contestó Consuelo con severidad.
― ¿Y ‘tons qué le hago a su pata? ― preguntó con angustia. ―La tiene toda caliente y morada desde que se raspó en el trabajo y dice que le duele mucho.
― ¡Ay mujer! Hazle lo mismo que a tus chamacos. Ponle tantito lodo fresco en el raspón y vas a ver que en una semana está como nuevo.
― ¿Segura?
― Segura.
Pilar volvió a casa, convencida de que el remedio casero funcionaría. Una semana después, Consuelo recibió una llamada a la mitad de la noche.
― ¡Chelito! ― lloraba Pilar ― ¡Le acaban de mochar la pata a mi Prudencio!

― ¡¿Ves Pilar?! ¡Yo te dije que no lo llevaras con los dotores! ¡Le hicieron lo mismo al marido de Silvia, cuando tampoco me hizo caso!

No hay comentarios:

Publicar un comentario